Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

“678 es indignante, Tinelli no”

Les Luthiers. Se burlan de la política nacional y se indignan con 678. El diario Perfil publicó en su versión impresa una entrevista al gran quinteto argentino, que defiende hacer antologías, pues sus éxitos siguen cosechando récords. Reconocen que hasta los ’90 tenían una convivencia difícil, por momentos agresiva entre ellos, por lo que se fue Ernesto Acher. Ahora se llevan mucho mejor. La edad ayudó. Desde 1967 hacen un...

Les Luthiers. Se burlan de la política nacional y se indignan con 678. El diario Perfil publicó en su versión impresa una entrevista al gran quinteto argentino, que defiende hacer antologías, pues sus éxitos siguen cosechando récords.

parabuenosaires.com

Reconocen que hasta los ’90 tenían una convivencia difícil, por momentos agresiva entre ellos, por lo que se fue Ernesto Acher. Ahora se llevan mucho mejor. La edad ayudó.

Desde 1967 hacen un humor que se mantiene siempre vigente. Les Luthiers es un fenómeno artístico excepcional por donde se lo mire: por la duración y crecimiento en el tiempo, por la cohesión interna entre sus integrantes, por la persistencia de sus creaciones, por el permanente éxito de público, por su aceptación en la mayoría de los países hispanohablantes. Sin embargo, lejos de anclarse en el pasado, los cinco miembros de Les Luthiers –Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, Daniel Rabinovich, Carlos López Puccio y Jorge Maronna, a sus 70, 69, 68, 65 y 63 años respectivamente– son atentos observadores de su contemporaneidad. Ahora, miran la realidad nacional entre la perplejidad y la indignación. Eso no les quita su natural ingenio y disposición para reírse y para festejar la constante presencia del público en cada uno de sus espectáculos, como ahora lo es Chist!, en el Gran Rex, siempre a sala llena.

—¿Cómo los encuentra “Chist!”, que es una antología, en relación con su pasado, su presente y sus perspectivas futuras?
LOPEZ PUCCIO: Al ser una antología, tiene que ver más con el pasado que con el futuro. Pero para nosotros tiene el mérito de que, aun siendo una antología, la gente lo disfrute enormemente. Chist! nos devuelve la sensación de: “¡Oia, qué vigente está nuestro humor todavía, incluso nuestro humor pasado!”.
MUNDSTOCK: Es cierto que es mucho más descansado que hacer un show nuevo. Pero nos damos cuenta de que tenemos un tesoro en nuestros archivos, y que es una pena no hacerlo. Nos hace bien a nosotros, le encanta al público, y encima nos cuesta menos trabajo que hacer uno nuevo.

—¿Tienen obras que compusieron pero no les gustan y no las vuelven a hacer?
MARONNA: Hay muchas obras que nunca nos gustaron, ni siquiera cuando las hacíamos, No puedo vivir atado ya era malísima en su momento. También Mi amada es una máquina. Hubo obras que no pasaron del día del estreno (carcajada general).
CLP: Lo que pasa es que vivimos muchos años de esto, y hubo espectáculos en los cuales metíamos lo que teníamos: digámoslo. Había cosas que no salían muy bien y no había manera de arreglarlas.
—En tantos años de relación entre ustedes, ¿se produce un desgaste?
MM: Yo creo que es al contrario, había más peleas cuando éramos más jóvenes, y teníamos más testosterona y ganas de pelear…
MM: Creo que a nadie ya le interesa ser el macho alfa… (risas). Lo lindo que nos pasó es que hemos aprendido a convivir con lo mejor de los otros.
JM: En los años 70 este era un grupo muy difícil. Sobrevivir en Les Luthiers era muy duro, con mucha exigencia; a veces, con burlas crueles al compañero… Ahora no, no lo hacemos.
RABINOVICH: Eran peleas terribles. Hubo una separación, en el ’86, de Ernesto Acher, un ex integrante. Hasta los 90, fuimos aprendiendo a actuar, a tocar mejor, a cantar mejor, a vivir de a cinco, a entender que el grupo es una potencia diferente a cada uno de nosotros.

—¿Y cómo era hacer humor en tiempos de dictadura?
DR: Fue durísimo a nivel personal, para todos. A nivel grupal, teníamos que cuidarnos mucho, porque se vivía de una manera muy peligrosa. No estábamos de acuerdo para nada con lo que estaba pasando, pero profesionalmente pudimos seguir trabajando casi sin inconvenientes.
CLP: Sí, pero con enorme autocensura. En todo lo que hacíamos, teníamos la certeza de qué se podía o no se podía.

—La realidad, la coyuntura política, ¿aparece en sus espectáculos?
MM: Yo diría que no se cuela nada, ni siquiera en los números francamente políticos, como La comisión, que está en Chist!, donde unos políticos pretenden modificar el himno nacional para incluir el nombre del presidente. Lo hicimos en el ’96 cuando estaba Menem, y ahora se hace con Cristina. Lamentablemente, muchas de las cosas resuenan igual. No lo creamos pensando en Menem, pero hemos logrado el prototipo de dos políticos de toda nuestra historia. Es una obra que funciona bárbaro en todos los países a donde vamos.

—¿Cuál es su visión sobre el humor político en la Argentina hoy?
DR: He visto estos dos o tres domingos el programa de Lanata, y hay cierta ironía en el discurso de él que me gusta mucho, pero al rato pone unos imitadores haciendo de Fernández y de Kirchner que, con todo el respeto del mundo por ellos que son laburantes como nosotros, me parecen un humor lamentable. Tanto más fácil es pasar lo que hizo y dijo Cristina por la tele y decir lo que vos pensás…
MM: No concuerdo, pero bueno… Algunos de los imitadores que se escuchan por radio, que no sé cuál exactamente, me parece que hacen un trabajo de grotesco, en el que dicen cosas bastante razonables.

—¿Y hay cosas de la realidad que no pretenden ser graciosas pero les dan risa?
MM: A mí me causó gracia lo del currículum de Reposo. Parecía un chiste nuestro: ¡el pequeño error de tipeo! Pero dan más ganas de llorar que de reírse. “¡¿Cómo?! Ah, ¿usted fue disertante? ¡Ah, perdón, no, fue asistente! ¡Perdón, perdón!”. Por otra parte, lo que tratamos de entender es de qué se ríe la gente en cada época. Ahora, por ejemplo, en La comisión, hay una gran carcajada cuando se intenta cambiarle la fecha a la independencia. Entonces, Carlitos (que es el personaje del compositor Mangiacaprini) les advierte a los políticos: “Pero miren que no se puede cambiar la historia…”. Y estos personajes se miran, sólo se miran con un guiño cómplice. Entonces, la gente se ríe, supongo, por la comisión histórica revisionista de ahora, ese revisionismo de Pacho O’Donnell.
NUÑEZ CORTES: Sí, como el revisionismo soviético cuando borraban, en una fotografía, a los jerarcas, a medida que iban cayendo en desgracia.

—¿Cómo los encuentra “Chist!”, que es una antología, en relación con su pasado?
CLP: Para nosotros tiene el mérito de que, aun siendo una antología, la gente lo disfruta enormemente.
MM: Es cierto que es mucho más descansado que hacer un show nuevo. Pero nos damos cuenta de que tenemos un tesoro en nuestros archivos, y que es una pena no hacerlo.
CLP: De todas maneras, somos ambivalentes: también es lindo jugarse, tener la adrenalina de estrenar algo nuevo.
JM: Sí, pero eso da pereza.

Les Luthiers y la televisión

—¿6,78?
MUNDSTOCK: Me produce indignación. No lo aguanto.
LOPEZ PUCCIO: Me da vergüenza. ¡En un canal del Estado, que no es del Gobierno, que pagamos todos, están pasando ese pasquinazo espantoso de baja estofa! A mí me gustaría que ese canal fuera de La Cámpora y que pusieran sus fondos.
MARONNA: Yo no lo puedo ver más de 15 segundos, es un espanto.
RABINOVICH: Cuando hace poco estuvo (Osvaldo) Bayer, el programa fue bastante bueno, fue otro nivel.
—¿Mirtha y Susana?
DR: Susana nos invitó varias veces a su programa y nunca cuajó. La que nos invitó muchas veces a su programa fue Mirtha Legrand, y cuajó siempre.
—¿Marcelo Tinelli?
JM: ¡A Tinelli lo vemos completo, lo grabamos!
MM: A diferencia de 678, a mí Tinelli no me indigna. Más aun, por ahí veo alguna cosa divertida y me quedo… Pero que Tinelli ocupe tanto espacio, que llegue a todo el mundo, en repeticiones y ecos… yo lloro, porque digo: “Puta, ¡qué pobres somos como comunidad!”. Pero, bueno, la gente se divierte con eso; lo lamento, ojalá fueran un poco mejor alimentados, fueran menos pobres en la cabeza… Nosotros, siendo uno de los espectáculos más exitosos del teatro, no juntamos en toda una temporada lo que Tinelli junta en un par de puntos de rating en una noche.
CLP: Acercándonos a mucha gente, hicimos, para nuestro 40º aniversario un espectáculo, no en la 9 de Julio sino en el Monumento a Güemes, un aire libre gratuito.
JM: Fue muy raro para nosotros, que estamos acostumbrados a recintos cerrados no demasiado grandes, estar al aire libre, con la masa, con el pueblo.
DR: Nosotros somos populares, pero el pueblo que nos ve gusta de cierto humor más refinado. Lo que no somos es masivos.

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