Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

2011, gran año para el teatro porteño de la calle Corrientes

La cartelera de Buenos Aires contó con una variada y exitosa oferta, equilibrada entre piezas clásicas y contemporáneas.

La cartelera de Buenos Aires contó con una variada y exitosa oferta, equilibrada entre piezas clásicas y contemporáneas.

Escribe Carlos Pacheco

Fue un año en el que se destacaron numerosas propuestas y muchas lograron mantenerse en cartel durante varios meses. Los clásicos tuvieron un lugar considerable, tanto en el ámbito comercial como en el oficial. Buenos Aires se había desacostumbrado a ver textos como El precio, de Miller (dirección de Helena Tritek), en el Liceo, o Un tranvía llamado Deseo, de Williams (dirección de Daniel Veronese), en el Apolo. También resultó una grata sorpresa ver a Enrique Pinti en el San Martín encabezando el elenco de El burgués gentil hombre, de Molière. En el mismo teatro, Veronese propuso una destacada relectura de La gaviota, de Chejov.

Cuatro versiones de Hamlet se combinaron en un mismo tiempo, dirigidas por Juan Carlos Gené, Carlos Rivas, Rubén Pires y Marcelo Savignone. También los clásicos argentinos tuvieron un lugar reconocible y, en ese sentido, resultó atractivo observar en el Cervantes el cruce generacional entre Leopoldo Marechal ( Antígona Vélez ) con Pompeyo Audivert, y Armando Discépolo ( Mateo ) con Guillermo Cacace.

La recurrencia temática a las familias disfuncionales continuó siendo una constante en la escena alternativa, aunque en esta temporada se mostraron dos extremos interesantes. Por un lado, la notable fuerza de un material como La familia argentina, de Alberto Ure (dirección de Cristina Banegas), y Alemania, del joven autor y director Nacho Ciatti.

Volver a la historia para entender con mayor profundidad este presente es lo que volvió a proponer Mauricio Kartun. Mientras siguieron resonando los ecos de su exitosa Ala de criados , estrenó en el San Martín Salomé de chacra con notable repercusión. También recurrió a la historia Gonzalo Demaría, para concebir El cordero de ojos azules , promoviendo una intensa reflexión sobre el proceso creativo en tiempos oscuros.

En tanto director, Javier Daulte tuvo un año muy intenso. Montó cuatro espectáculos ( Lluvia constante Espejos circulares Filosofía de vida 4D óptico ) y dio un salto importante en el circuito comercial. Otro creador prolífico fue Santiago Loza, quien a través de cuatro propuestas (Nada del amor me produce envidia He nacido para verte sonreír Matar cansa Pudor en animales de invierno ) expuso cierta renovación en el campo dramatúrgico.

El Festival Internacional de Buenos Aires dio algunas señales que exceden a la valoración de su programación, que tuvo algunos nombres destacados, como Peter Brook o René Pollesch. La crisis europea parecería no exponer novedades inquietantes para un teatro como el nuestro, siempre tan pendiente de sus cualidades estéticas. Aunque debe destacarse la experiencia de Heiner Goebbels, Eraritjaritjaka museo de las frases . Entre nosotros, cuánto más movilizador resultó el discurso político del chileno Guillermo Calderón.

Desde hace un par de años se viene notando la falta de un discurso renovador dentro del ambiente alternativo porteño, y esto también puede remarcarse en 2011. Algo interesante que sucedió fue la organización del Festival Escena. Esa franja generacional también tuvo su lugar destacado dentro del campo del musical.

Con mucha actividad y buenos réditos artísticos, la cartelera porteña mostró una notable vitalidad.

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